Homenaje al reconocido arquitecto e intelectual, por Lucía López Coll

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No quisiera que este artículo se leyera como un obituario. Los obituarios
hablan de la destacada trayectoria profesional de la persona fallecida, de
sus logros fundamentales o de sus mayores éxitos, y a veces se olvidan del
hombre que soñó, trabajó y hasta sufrió por esos logros. Los homenajes por
lo general están contaminados por esa fría formalidad de los actos oficiales
y tampoco desearía que este artículo se leyera únicamente como un homenaje.
En este momento en que todavía lo sentimos tan próximo, me gustaría
simplemente recordar a Mario Coyula Cowley como el intelectual que ha dejado
una impronta innegable en el entorno cultural cubano, el profesional de
reconocido talento que tanto admiramos y el hombre de acendrados valores
humanos que respetamos todavía más.

Hace apenas unos meses, se le otorgó a Mario Coyula el Premio Nacional de
Patrimonio Cultural por la Obra de Toda la Vida en su segunda edición.
Antes había recibido el Premio Nacional de Arquitectura de la Unión Nacional
de Arquitectos e Ingenieros de la Construcción de Cuba (UNAICC), y el Premio
Nacional de Habitat, ambos también por la Obra de la Vida.
Ostentaba el título de Doctor en Ciencias Técnicas y Doctor Honoris Causa, y
era Académico de Mérito de la Academia de Ciencias de Cuba y Profesor de
Mérito del Instituto Superior Politécnico “José Antonio Echeverría”
(CUJAE), donde se destacó en el campo de la docencia. Fue Profesor Visitante
en el Centro David Rockefeller de la Universidad de Harvard y Profesor
Invitado en el postgrado Estrategias Urbanas de la Angewandte de Viena. Fue
designado Fellow del programa SIGUS del Massachusetts Institute of
Technology (MIT), en 1990, y desde 2001 perteneció al Grupo internacional de
Investigación sobre Arquitectura e Infraestructura (GRAI), actual
Laboratorio de Investigación sobre la Infraestructura, la Arquitectura y el
Territorio (LIAT), con sede en París.

Pero todos estos reconocimientos dentro y fuera de la isla sólo significaron
más esfuerzo, más tiempo dedicado a la investigación y mayores deseos de
“seguir en la pelea”, sobre todo en Cuba, donde quizá llegó a sentirse a
veces como un Quijote alucinado, en su lucha contra gigantes y molinos de
viento.

Hoy resulta casi imposible hablar de La Habana sin reconocer el trabajo
desplegado por Coyula a favor de la ciudad. Desde aquellos días en los que
fue premiado en calidad de coautor por el diseño del Parque de los Mártires
Universitarios de Infanta y San Lázaro, o por el Panteón de los Héroes del
13 de Marzo, en el Cementerio de Colón, se vislumbraba ya en el interés del
arquitecto por intervenir en el entramado urbano desde una concepción
creativa, sin dejar de ser respetuosa con el entorno.

Desde el año 1978 y hasta 1989 Coyula dirigió el Grupo para el Desarrollo
Integral de la Capital. También fue director de Arquitectura y Urbanismo de
La Habana y presidió la Comisión de Monumentos de La Habana. Quizá fue
durante los años de incesante contacto con los problemas históricos y
actuales de la urbe que el arquitecto llegó a percibir en toda su magnitud
el valor de ese conglomerado arquitectónico y la complejidad de las
soluciones requeridas para su adecuada conservación y futuro desarrollo.

Al mismo tiempo su capacidad para el análisis teórico y la investigación se
fue encausando a través de diferentes publicaciones: fue jefe de redacción
de la revista Arquitectura-Cuba, y miembro de los consejos de redacción de
las revistas Arquitectura y Urbanismo, Temas y Revista Bimestre Cubana.
Publicó más de doscientos artículos y ensayos sobre gestión patrimonial, la
arquitectura y el urbanismo, temas en los cuales es considerado una
autoridad. Parte de su contribución bibliográfica se recoge en libros como
Diseño Urbano y Havana. Two Faces of the Antillean Metropolis, del que es
autor, y otros títulos en los que colaboró, como Fundamentos de la
arquitectura, Introducción a la historia de la arquitectura y el urbanismo
contemporáneos, Teoría del urbanismo, La política cultural del período
revolucionario: memoria y reflexión, ¿Quiénes hacen ciudad? y Participación
ciudadana para el urbanismo del siglo XXI.

Desde esas tribunas y con pleno conocimiento de causa, arremetió contra
dislates urbanísticos, chapucerías institucionales y particulares, mal gusto
generalizado, copiado y permitido incluso por las instituciones que debían
controlar obras y delinear estrategias sustentables y armónicas para el
desarrollo de la ciudad. Aunque para nuestra mala suerte, su voz se perdió a
veces entre la falta de recursos y la desidia, la ignorancia o la
incompetencia, que han dado al traste con el deterioro y hasta la pérdida de
valores patrimoniales que deberíamos conservar.

Coyula dirigió además la Escuela de Arquitectura en la CUJAE. Quienes hemos
tenido buenos maestros, reconocemos el privilegio que ello significa y su
importancia en la formación integral -no sólo académica-, de los jóvenes.
Quizá por eso, cuando pienso en Coyula como profesor, no puedo imaginarlo
desbordado de formularios inútiles, como un directivo común o un soso
académico que se conforma con impartir una buena clase. Suelo imaginarlo con
su verbo sereno y el rostro acalorado, intentando transmitir a los jóvenes
alumnos su pasión por aprender, su inconformidad con lo mal hecho o su amor
por el arte en cualquiera de sus manifestaciones.

Cuando leí Catalina, la primera y única incursión que hizo Coyula en el
género de la novela, más que de la historia de amor de la bella y arrostrada
Catalina Laza, disfruté del conocimiento profundo de La Habana que regala su
autor. Y no sólo de su arquitectura, sino también de su historia, en un
inventario íntimo para aprendices o iniciados. Pude imaginarlo incluso con
bastón y bombín, con esa sencilla elegancia que le era natural –caballero de
fina estampa, le decía su querida compañera Marta-, descubriendo los
secretos rincones de la urbe, deslumbrado con los magníficos palacetes de El
Vedado, pero también con los modos y costumbres de sus habitantes, los
habaneros, isleños y cosmopolitas, fruto de una conjunción mágica que
todavía pervive, en medio de las ruinas y la inmundicia que sofocan la
ciudad.

Lo recuerdo también como empecinado animador de ese hermoso proyecto, “La
Habana que va conmigo”, al que fueron invitados incontables personalidades
de la cultura cubana para compartir sus memorias en los diferentes ciclos de
conferencias celebradas en la sede de la Maqueta de La Habana. Una selección
de estos testimonios fue recopilada por el propio Coyula y publicada después
por la Editorial Letras Cubanas. En la introducción del libro, titulado
también La Habana que va conmigo, Coyula insistió en la necesidad de
preservar aquellos recuerdos porque la “comprensión de una ciudad no sólo se
logra a través del razonamiento lógico y los estudios especializados, sino
por la decantación y transmisión repetida de vivencias personales, que a su
vez alimentan la conciencia colectiva y se archivan en la memoria
histórica.”

Insisto otra vez en la modesta intención de este artículo que no pretende
ser un obituario, ni siquiera un homenaje. Me conformo con fijar en mi
memoria esa imagen de apariencia serena tras la que se adivinaba su clara
inteligencia pero también su disposición para disfrutar de los más sencillos
placeres de la vida: la lectura de un buen libro, la belleza de una mujer,
los misterios de una ciudad. Fue cubano hasta el tuétano pero se mantuvo
lejos de provincianismos trasnochados. De él siempre se podía aprender y
siempre estuvo dispuesto a enseñar. Se empeñó en una cruzada a favor del
futuro que no siempre se supo apreciar en toda su valía, pero nunca perdió
su característico y refinado humor de alto linaje criollo.
En esencia nunca defraudó a sus seres queridos y se mantuvo fiel a sus
esencias. Prefiero recordarlo así, como un gran hombre enamorado de la vida.
El hombre con el cual, en ambientes familiares, compartí vinos, tardes de
playa, y de cuya sabiduría y humor tanto disfruté… Sin fríos homenajes y
tristes obituarios. No para Mario Coyula Cowley. No para Mayito. (2014).

English Version (uncorrected “Google Translate” translation)

Homage to renowned architect and intellectual.

I do not want this article read like an obituary. Obituaries talk about the outstanding career of the deceased, or their key achievements of his biggest hits, and sometimes forget the man who dreamed, worked and suffered for those achievements up. Tributes usually contaminated by the cold formality of the official acts and not wish this article to be read only as a tribute. At this time I still felt so close, I would just remind Mario Coyula Cowley as the intellectual who has left an undeniable mark on the Cuban cultural, professional acknowledged talent we admire and man of persistent concerns human values respect even more.

Just months ago, it was awarded to Mario Coyula National Cultural Heritage Award for Lifetime Work in its second edition. Before he received the National Prize of Architecture of the National Union of Architects and Construction Engineers of Cuba (UNAICC), and the National Habitat Award, both also by Work of Life. Held the title of Doctor of Technical Sciences and Doctor Honoris Causa, and was Academic Merit from the Academy of Sciences of Cuba and Emeritus Professor of the Polytechnic Institute “Jose Antonio Echeverria” (CUJAE), where he excelled in the field of teaching. He was Visiting Professor at the David Rockefeller Center at Harvard University and Visiting Professor in the Graduate Urban Strategies of Angewandte Vienna. He was appointed Fellow of SIGUS program at the Massachusetts Institute of Technology (MIT) in 1990, and since 2001 belonged to the International Research Group on Architecture and Infrastructure (GRAI), Current Research Laboratory Infrastructure, Architecture and Planning (LIAT ), based in Paris.

But all this recognition inside and outside the island only meant more effort, more time spent on research and best wishes to “continue to fight”, particularly in Cuba, where, perhaps, even sometimes feel like a deluded Quixote in their fight against giants and windmills.

Today it is almost impossible to speak of Havana without acknowledging the work done by Coyula in favor of the city.Since those days that was awarded as co-author for the design of Park University Martyrs Infanta and San Lazaro, or the Pantheon of Heroes March 13 in the Colon Cemetery, was in sight and the architect’s interest in intervening in the urban fabric from a creative design, while still being respectful of the environment.

From 1978 until 1989 Coyula led the Group for Integral Development of the Capital. He was also director of Architecture and Urbanism of Havana and chaired the Commission of Monuments in Havana. Maybe it was during the years of incessant contact with the historical and current problems of the city that the architect came to perceive the full extent of the value of that architectural conglomerate and complexity of the solutions required for proper conservation and future development.

At the same time their capacity for theoretical analysis and research was prosecuting through different publications: he was chief editor of the journal Architecture-Cuba, and member of the editorial boards of the journals Architecture and Urbanism, Issues and Bimonthly Magazine Cubana. He published over two hundred articles and essays on asset management, architecture and urban planning issues in which he is considered an authority. Part of his literature contribution is collected in books such as Urban Design and Havana. Two Faces of the Antillean Metropolis, which is the author and other titles that worked as an architectural Fundamentals, Introduction to the history of contemporary architecture and urbanism, urban theory, cultural policy of the revolutionary period: memory and reflection, Who makes city? Citizen Participation and planning for the twenty-first century.

Since these forums and with full knowledge of the facts, he blasted nonsense urban, institutional bungling and individuals generally bad taste, copying and even allowed the institutions should control works and outline sustainable and harmonious development of the city strategies. Although for our bad luck, his voice is sometimes lost between lack of resources and neglect, ignorance or incompetence, have put paid to the deterioration and even loss of assets that should be preserved.

Coyula also directed the School of Architecture at CUJAE. Those who have had good teachers, we recognize the privilege that means and its importance-not only academically integral formation of the young. Maybe that’s why, when I think Coyula as a teacher, I can not imagine overflowing with useless forms, as a common management or academic bland that conforms to teach a good class. I usually imagine verb with its serene and flushed face, trying to convey to young students a passion for learning, their dissatisfaction with poorly done or your love for art in all its manifestations.

When I read Catherine, the first and only foray Coyula made in the genre of the novel, rather than the love story of the beautiful and arrostrada Catalina Laza, enjoyed the intimate knowledge of Havana that gives its author. And not only for its architecture but also in its history, in an intimate apprenticeship or initiated inventory. I could imagine even with cane and bowler hat, with that simple elegance that was natural Knight of fine appearance, his beloved companion told Marta, discovering the secret corners of the city, dazzled by the magnificent palaces of El Vedado, but also with the manners and customs of its inhabitants, habaneros, islanders and cosmopolitan, the result of a magical combination that still survives amid the ruins and filth that suffocate the city.

I remember also as stubborn animator that beautiful project, “Havana is going with me,” to which were invited countless personalities of Cuban culture to share their memories in the different cycles of conferences held at the headquarters of the Model of Havana. A selection of these testimonies was collected by Coyula own published later by Editorial Letras Cubanas. In the introduction to the book, also titled Havana that goes with me, Coyula stressed the need to preserve those memories because “understanding of a city is not only achieved through logical reasoning and specialized studies, but by decantation and transmission repeated personal experiences, which in turn feed the collective consciousness and archived in historical memory. “

I insist again on the modest intention of this article is not intended as an obituary or even a homage. I am satisfied to fix in my memory the image of serene appearance after his clear intelligence but also available to enjoy the simple pleasures of life guessed: reading a good book, the beauty of a woman, the mysteries of a city. It was Cuban to the core but remained far from outdated provincialism. It could always learn and was always willing to teach. He insisted on a crusade for the future that are not always able to appreciate in all its worth, but never lost his characteristic humor and refined high Creole lineage. Essentially never disappoint your loved ones and stayed true to its essence. I’d rather remember him as a great man in love with life. The man who, in familiar surroundings, I shared wine, beach afternoons, and whose wisdom and humor … Without enjoyed both cold and sad tributes obituaries. No to Mario Coyula Cowley. Not for Mayito. (2014).

– Lucía López Coll

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